Historia — 1716–1845

Banca libre en Escocia

Si alguien te dice que sin banco central habría caos financiero, pedile que explique Escocia.

Durante 130 años, entre 1716 y 1845, Escocia tuvo un sistema bancario sin banco central, sin seguro de depósitos, sin prestamista de última instancia y sin regulación bancaria específica. Los bancos competían entre sí, emitían sus propios billetes y eran responsables de sus propias decisiones. El resultado no fue caos. Fue el sistema bancario más estable de Europa.

¿Cómo funcionaba?

Cualquier banco podía emitir sus propios billetes denominados en libras esterlinas. Cada banco respaldaba sus billetes con reservas de oro y plata. Si un banco emitía demasiados billetes y no podía canjearlos por metal cuando se los presentaban, perdía la confianza de sus clientes y del resto de los bancos. La competencia era el regulador.

Los bancos tenían un mecanismo de disciplina mutua: aceptaban los billetes de otros bancos y los presentaban regularmente para canje. Si el Banco de Aberdeen recibía billetes del Banco de Glasgow, iba y los canjeaba por oro. Si Glasgow no podía pagar, todo el mundo se enteraba. Este sistema de clearing entre bancos funcionaba como un auditor permanente y descentralizado.

Los resultados

Durante el período de banca libre, Escocia tuvo:

Lawrence White y George Selgin, economistas de la tradición austríaca, documentaron exhaustivamente este período. Su conclusión es que la competencia entre bancos generó un sistema más robusto que cualquier regulación centralizada.

El sistema bancario escocés libre fue notablemente estable. Las quiebras bancarias fueron raras, la emisión excesiva fue disciplinada por el mercado, y la innovación financiera floreció. Todo esto sin regulación estatal ni banco central.
Lawrence White — Free Banking in Britain, 1984

¿Por qué terminó?

No terminó porque fracasara. Terminó porque el Parlamento británico aprobó la Bank Charter Act de 1845, que extendió a Escocia las restricciones del sistema inglés. A los bancos escoceses se les prohibió emitir nuevos billetes y se los subordinó al Banco de Inglaterra.

La ironía es brutal: el sistema que funcionaba bien fue desmantelado para que se pareciera al sistema que funcionaba peor. No porque los escoceses lo pidieran, sino porque la centralización del poder monetario era más conveniente para la corona.